Nada parecía presagiar que la región se convertiría en un núcleo de manufactura. La Región de Roanne, encerrada en un semicírculo montañoso, tiene difícil la comunicación con sus vecinos. Sus suelos ligeros y húmedos conforman rutas poco propicias. Sus habitantes son campesinos que cultivan una tierra no demasiado productiva. Hasta finales del siglo XV Roanne no era más que un pueblo, pero a partir de esa época presenciará grandes cambios...
La apertura a la circulación y la cercanía de Lyon
Roanne se abre al exterior cuando llega a ella la ruta del Borbonesado, uno de los ejes principales del Reino, que une París y Lyon. Los comerciantes lioneses enriquecidos intentan producir in situ lo que importan de Italia. Buscan una mano de obra barata y poco distante. En las montañas del Beaujolais encuentran campesinos en busca de unos ingresos adicionales y dispuestos a trabajar a domicilio. Por otro lado, la pureza de las aguas y su contenido prácticamente nulo en cal hacen de la región un emplazamiento ideal para el blanqueo, el tinte y el apresto de los tejidos.
De pueblo a ciudad: la emancipación de Roanne
La tutela de Lyon empieza a menguar, hasta desaparecer por completo a comienzos del siglo XIX. Los comisionistas de la región se enriquecen y también se convierten en fabricantes. En Roanne aparece y se desarrolla una burguesía local. Los fabricantes de algodón fundan en Roanne una serie de talleres de gran tamaño para la preparación, el montaje y el acabado.
Roanne se fianza como ciudad. Las vías de comunicación se han desarrollado. Su puerto contempla el embarque de mercancías venidas del Sur de Francia (vinos, aceites, especias), sedas y tafetanes de Lyon, así como productos agrícolas de la región.
Resistir a la competencia
La gran industria ve la luz. Sin embargo, las telas de la región resisten ante la competencia de la producción mecánica, al contrario que las manufacturas bretonas. Cabe señalar que el espíritu comercial ha penetrado en la mentalidad del campesinado y de la burguesía. El comercio del algodón sigue desarrollándose alrededor de Roanne y de Thizy.
No obstante, la expansión se ve sumamente trastornada por las consecuencias de la Guerra de Secesión (1860-1865), que afecta al abastecimiento de algodón. Las fábricas que no se han modernizado no sobrevivirán a la crisis y, en Roanne, y una fábrica de cada dos cesa en su actividad. Esta crisis favorece a Lyon, que está de nuevo en busca de mano de obra para el tejido de la seda.
En algunos años, la región algodonera de Roanne y de Thizy se convierte en la tercera de Francia. Roanne cuenta con 10.000 obreros en sus fábricas, y 3.000 familias llegan del campo entre 1872 y 1886. La producción sigue poco diversificada, dominada por el popular Vichy a cuadros.
La adaptación a las nuevas dificultades
La década de 1880 marca el fin de los años fáciles y del crecimiento imparable. Roanne es la única región textil que no posee fábricas de hilado y el precio de la mano de obra es alto. Los industriales de la región deben hacer frente a dificultades de venta. A partir de 1881 abandonan el Vichy habitual y se lanzan a la producción de fantasía, destinada a la población de las urbes. Para ello, están al corriente de la moda, frecuentan las carreras, las recepciones y los grandes estrenos en París.
La región dobla su población entre 1866 y 1911, a consecuencia de la afluencia de la mano de obra y del éxodo rural. La industria del algodón representa un tercio del volumen de negocio de la ciudad y las demás industrias ocupan una parte nada despreciable.
El siglo XX: los géneros de punto en Roanne
La expansión industrial ha hecho de Roanne el cuarto centro algodonero de Francia. Sin embargo, el siglo XX contempla el cese del movimiento de concentración de fábricas punteras. La producción se dispersa en pequeños talleres, lo que permite recibir la electricidad. Hasta la década de los 60, la ciudad hace escasos esfuerzos en cuanto a modernización. El tejido del algodón y la seda, pilares de la economía regional, se mantienen a pesar de la crisis y de las dos guerras, pero no evolucionan.
A partir de 1860, los géneros de punto sustituyen al tejido del algodón. La población judía procedente de Polonia y de la crisis de los países del Este se instala en Roanne durante la década de los 20 y se dedica al sector, que crece rápidamente hasta 1964.
Algunos años después, las fábricas comienzan a cerrar sus puertas, ante las graves dificultades para hacer frente a la competencia. Es el caso de los talleres ARCT (Ateliers Roannais de Confection Textile), en 1975, y de France Rayonne, convertida en RTP (Rhône-Poulenc Textile), en 1980.
La actividad en la actualidad
La actividad textil sigue revistiendo importancia en Roanne. Por otra parte, la ciudad ofrece formación especializada en el sector, de nivel de licenciatura.
La tradición de producir artículos de calidad sigue estando muy arraigada. El tejido y los géneros de punto están perpetuados por unas cuarenta empresas, que agrupan a más de 5.000 trabajadores. Operan en los ámbitos de las prendas de vestir y de la tapicería, pero también en sectores de vanguardia, como el tejido técnico.
Las ventas y los saldos organizados atraen a millares de visitantes. Los almacenes de las fábricas ofrecen durante todo el año productos de calidad a precios atractivos: prêt-à-porter para mujer, hombre y niño, ropa blanca del hogar, etc. Dos veces al año se celebran las « Folies Textiles », un evento durante el cual una veintena de empresas ofrece ventas agrupadas a precios muy ventajosos.