Testigo de la evolución de los estilos y de las influencias artísticas y arquitectónicas, el patrimonio de la región de Roanne se halla estrechamente vinculado a la historia de la ciudad.
El desarrollo de la ciudad de Roanne motiva la instalación de numerosas comunidades religiosas, que principalmente se dedican a la enseñanza.
En 1614, el padre Pierre Cotton, natural de Néronde, confesor de Enrique IV y de Luis XIII, funda el colegio jesuita.
Su hermano Jacques Cotton, señor de Chenevoux, entre los años 1617 y 1626 hace construir de su propio bolsillo una capilla de grandes dimensiones, que actualmente es uno de los testigos más prestigiosos del arte religioso del siglo XVII para la Región de Roanne.
Los planos los diseña el Hermano Etienne Martellange, arquitecto y autor de numerosas capillas e iglesias.
El edificio es austero y exento de artificios. Esta simplicidad resulta representativa del estilo denominado jesuita, ya que los edificios están concebidos sobre todo para la predicación.
En él se pueden admirar los artesonados del crucero en madera del coro (siglo XVIII), el altar mayor de mármoles policromos (siglo XIX), los revestimientos en madera y la credencia de la sacristía (siglo XVII) así como la campana de bronce depositada en la sacristía (1623).
En 1628, mientras la peste causa estragos en Roanne y sus alrededores, los marineros encargan la construcción de una capilla en el puerto en honor a su patrón, Nicolás. Bautizada como San Nicolás del Puerto, acoge juntas del gremio de marineros, y en ocasiones se celebran en ella misas o matrimonios.
El edificio sufrió obras de importancia en 1717, y posteriormente cambió de destino y fue secuestrado por la Revolución.
La capilla ha servido, por orden de sucesión, como depósito de grano, puesto de bebidas, oficina de navegación, oficina de correos y vivienda, aproximadamente hasta 1970, antes de ser restaurada por el Ayuntamiento.
La capilla data de 1779. Hasta 1967, el coro estaba reservado a las hermanas que servían en el hospital.
En el crucero, en alto y a la izquierda, un balconcillo con una puerta permitía a los enfermos seguir los oficios.
El techo del coro presenta escenas pintadas por Zaqueo en el siglo XIX. Entre las obras de arte cabe resaltar un grupo que representa a la Virgen, Santa Ana y el Ñiño Jesús viniendo del Castillo de San Andrés, así como una Santa Bárbara, donación de Joseph Déchelette.